El sindicato de empleados municipales de la ciudad bonaerense de Mercedes, representado por la secretaria general y streamer Evangelina Artaza, invitó a los trabajadores a ausentarse de su jornada laboral el 12 de marzo, a las 10:00, para “acompañar a la Comisión Directiva en el acto de asunción”.
El sindicato que recientemente preside Evangelina Artaza alquiló el salón "La Rosa Eventos" (ex Casa Anus) para este propósito, en plena mañana de un jueves. No es el único acto político por el que muchos empleados municipales faltan a sus puestos de trabajo. Los días 11 y 12 de febrero, el gremio también convocó a marchar contra la reforma laboral, sustituyendo servicios públicos básicos por militancia política, aun cuando dicha reforma no se aplica a ningún empleado público.
Lo mismo ocurrió cuando la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner fue condenada: entonces únicamente permanecieron en sus puestos los empleados dedicados a la recaudación, mientras que la mayoría concurrió a marchas en CABA o adhirió al paro convocado.
El empleo municipal en Mercedes no había estado tan desprestigiado como en los últimos años bajo el control de La Cámpora: trabajadores convertidos en militantes y vecinos obligados a adular al intendente a cambio de un cargo. Los habitantes, en su fastidio por lo que deben soportar, han popularizado la palabra “munipa” en referencia a los municipales, utilizándola como sinónimo de insulto.
Mientras los vecinos padecen una notable degradación en la calidad de los servicios públicos y son golpeados por un fuerte aumento de las tasas municipales, ante los reclamos por la ausencia de personal en sus tareas son insultados por los propios trabajadores, quienes argumentan precariedad laboral para justificar la falta de prestaciones. Al mismo tiempo, los contribuyentes nunca habían sido exprimidos económicamente como ahora, mediante tasas astronómicas que no se reflejan en servicios ni en inversiones útiles.
Y es que, a pesar de un presupuesto de 20 millones de dólares destinado a salarios, la mayor parte se concentra en cargos políticos, mientras que los puestos menores apenas alcanzan el salario mínimo; incluso hay barrenderos que ganan apenas 150 mil pesos mensuales.
El municipio, demostrando su total impunidad, deja a los municipales acorralados. Los empleados temen reclamar una distribución justa al intendente o a sus propios líderes sindicales, mientras canalizan agresivamente su bronca contra los contribuyentes que ponen dinero en su bolsillo cada mes y que jamás aportaron tanto como ahora a sus arcas, las cuales son saqueadas por una dirigencia que vive parasitando a todos los mercedinos.